Sentar cabeza.
La raza blanca la raza negra la raza roja la raza amarilla: yo sólo conozco la raza violeta y la raza verde y la raza de tu lengua que descifra el agua y el fuego Seré rico —tú sabes— con la miseria y el hambre que hace correr los ríos rico de errores de desollado y de piedra sobre la cabeza rico como la paciencia y la piedad puestas al rojo
Y yo no tengo misión ni familia ni otra dialéctica que esos conjuros mortales donde se deshace la espuma de los grandes escrúpulos
Pero obstinado siempre en el furor de un mundo que silba como una sirena en fuga por cada beso hacia el alma por cada boca con el plan de las cantáridas por cada latido que se precipita y estalla bajo el cauterio de la tormenta
Seré rico —amor mío— bajo las patas de los caballos, estrangulado por una contracción de la noche sobre el oleaje desvalijado por la noche del mar y la rapiña de las caricias rico hasta la locura como un intruso inconfesable en todas las situaciones de la pereza y en los lugares desiertos de la sangre donde hay crueldad extravío poder promesas incumplidas por el cielo.
Enrique Molina. |
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